Desposéeme

Lentamente abrí los ojos…

Después de la bomba que acababa de soltar, no tenia ni idea del panorama que podía encontrarme al otro lado!

Me encontré con ella. La decepción, la cordura, la desaprobación en su mirada!

Y se enfado. Se cabreo porque sus ojos eran para perderse y no volver jamas! Pero no eran los únicos donde yo quería perderme. Pues ando perdido en todos los que un día, me miraron abriendo un portal directo al centro de su tierra. Que late… Late e invita a quedarse. Quedarse hasta la hora de irse.

Y me grito. Me nombro falso, embustero, mentiroso, immaduro y 100 insultos más que aún no conocía. Lo hizo porque le dije que no. Que a mí corazón no le falta espacio desde que entro. Que late mucho más fuerte! Más rápido. Mucho más melodico y alegre que antes! Pero que no está lleno… ¡Ay el día que lo este! Moriré en vida. Pues no querré que nada salga porque lo amo! Y querré que todo entre, porque quiero amarlo…

Y me pego. Me agredió porque mi cuerpo nunca seria solo para ella. ¡Este es mi templo! Abierto a todo aquel que lo respete y lo ame. No jurare bandera. No entregare mi imagen humana a una sola persona. ¡No para toda la vida! ¿Quien haría eso? ¿¡Porque!?

En mis verdes ojos se reflejaba toda su incomprensión…

Poco a poco, en un largo silencio, sus labios invirtieron su postura de negativo a neutro. De neutro a positivo. Sus ojos dejaron de fruncir. Su cuerpo se destensaba lentamente en señal de abrazo sincero e inminente.

Y ocurrió. En mis ojos brotaron dos lágrimas al mismo tiempo que dos estrellas aparecian en el cielo aquel anochecer. Se fundieron en su pelo como la lluvia en el suelo. Dejando ese maravilloso olor a humedad y a tormenta!

Entre sollozos, sus labios pronunciaron las más bellas palabras que mis oídos escucharon jamas! Decían así:

– No sé quien eres, ni como eres, ni que me quieres decir con eso. Dime, que sientes? Por mí. Por todas. Por todos. Por todo. No lo sé… No te entiendo.

Se hizo un breve silencio… Y continuo:

– Tu tampoco lo sabes… ¿Sabes que se yo? Que no tengo miedo a que no encuentres nombre para ello. No voy a negarte lo que eres porque no este escrito. Quiero ayudarte  a descubrirlo. Y a escribirlo, por si un caso, aun nadie lo haya hecho…

Y llegaron la tormenta, la lluvia y los relámpagos. Y sentí como mi corazón se llenaba más y más… Al mismo tiempo que crecía. Alli mismo, descubri el verdadero significado del infinito.

Desposéeme le repeti… Y lo hizo. Y me beso. Y yo me fundí en sus labios como si fueran los únicos.

Sin serlo.

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