Blanco lóbrego

Te encontré.
Eras blanco para mi. Pero en un salón
negro. Estavas allí.
Turbio deseo carnal, tenebroso de sentir.
Tus manos frías, tus labios secos.
Nada de aquello, era para mi.

Pero te sigo.
Te deseo tanto, que me entrego a tu merced.
Violandome a mi mismo.
A sabiendas de todo.

Pero sin querer.

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