Ácaros celestes

Luna. Roja a veces, blanca.
Todas las noches. Algunas, nubladas.
No la veo…. la siento. Se que esta.
Permite seguir, sin pensar en ella.
Amarla sin estorbar.
Virar, plenamente, a lo que rodea.

Fuego! Estrella fugaz. Increíblemente bella.
No por estrella, por fugaz.
Por desconocida. Desconcertante.
Arde rápido, alegra verla.
Consumirla, al completo.
Hasta apagarse. Darse cuenta:
– No va a doler tanto, olvidarla.
Habrán otras. Buenos recuerdos.

Cometa en orbita.
Brillando largo tiempo.
Equilibrio (u hijo) entre fugaz y lunar.
Solo el. No fijarse en nada más.
Y desaparece. Nunca mas podrá verse,
por lo que al tiempo refiere…
Quizás vuelva, y este si. Si duele
al apagarse o al dejarse ver, de nuevo.

Todos los polvos, son de estrellas.
Ácaros celestes.
Más grandes, más pequeñas…

Y seremos siempre sus frutos jugosos;
De su sexo, sudoroso y amor libre,
siempre debotos. Aterrados debotos.
Pero libres, al final.

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