Prejuicio

No es dinero, felicidad ni tiempo
lo que quiero.
Quiero vivir. Reír. Llorar, gritar i sentir.
Sentirlo todo.

Pero aquí… en los valles de la sociedad,
ya no hay espacio para eso.
Todo es material; Virtual. Todo es supuesto.

Hemos tendido una bonita tela
donde proyectamos lo que debemos querer.
Y al final, esa tela ha resultado ser:
nuestra única verdad. La misma que nos convierte en: incompletos.

Basta con subir a lo alto de los montes.
No para excursiones. Subir sin mas.
Allí, la cortina es mas débil y las rocas
nos muestran la dureza de la realidad.
Y su belleza.

La que ya no conocen los hijos
del gran capital. Que no conocerán si no
elijen escaparse. Y escapar para ellos,
es triste.

Vamos a pelear por banderas. Por ideas.
Fronteras que solo existen en los mapas
que nosotros mismos pintemos.

Mi único dios es el corzo que pastura.
Mi destino, agua que fluye de las cimas abruptas;
Mi amor, aquel que se abra, tal flor en invierno.

Mi verdad; Aquella que los ojos vean,
coloreada por los tintes de mi mente y el sabor, siempre dulce, de sentirse libre solo con respirar.

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