Manta i respostes

Brilla la llum de la nit
i no pas per ser adorada;
Sols la seua ombra
descobreix els impurs plaers
amagats rere les finestres.

Vine i observa,
bella manta blanca;
els destapats peus que descansen
fora els llençols d’aquesta ment;
pertorbada i impune.

Camí clar entre les marees
que tan sols mostra on vols anar
si resultés ser on mires.
Mentidera, et digueren;
aquells que mai s’atreviren a mirar.

Però quan no hi ets, faltes
estimada.
I dol veure’t venir i marxar
malgrat que alegra;
Saber-te lliure i estimar-te igual.

Si brotaren llàgrimes, en aguaitar-te;
creu-me si et digués no saber pas
de quina riera provenen;

Hi ha preguntes de quines no voldria saber;
a quines noves preguntes em podrien portar
les seves respostes.

Quin descans per la ment,
la ignorància.

Dionisa

Relámpagos iluminan el cielo
esta noche turbia.
Si te pones tu encima Dionisa,
calma Dionisa. Calma.
Que a la noche traes tempestad.

Eres la paz que firmarían todas las guerras
Dionisa, calma Dionisa. Calma.
Que la perfección envidia tus caderas y
aun con todo, Dionisa, aun con todo
firmariamos también la paz, con ella.

Por favor, sigue y para; Pero calma
Dionisa. Calma. No sigas ni pares;
Que al levantarte, los vientos te empujan
Dionisa;
Pero al caerte… nos arrastras al mar.

Y yo no se nadar entre deseos, Dionisa,
calma Dionisa. Calma.
Que me falta el aire y mueren ahogados
todos los “te quiero” que aun me quedan,
por pronunciarte.

Dionisa, calma Dionisa. Calma.
Aclama el mar de los versos náufragos.
Dionisa, calma Dionisa. Calma.
Grita un corazón que no es de nadie
pero siempre te hecha de menos.

Dionisa.
Siempre te hecha de menos.

Cuando no oye el susurro de tus ojos
diciéndole que todo saldrá bien;
Y se lo cree, Dionisa.

Se lo sigue creyendo.

Sin Dios

Ando sin dios a mi lado y amo, sin Dios.
Vivo la locura del perdón sin ayuda de los Dioses
y solo al malhechor, agradezco las disculpas.

La culpa astuta y audaz, serpentea
entre las sombras de mi mente;
aguardando silenciosa mi debilidad,
para lanzar su ataque.

¿Quien pudiera ser yo, para los demás?
¿Un rey? ¿O tal vez un sirviente?
¿Y quienes van a ser para mi, los demás?
Si no eligiera ser sirviente, ni rey.

Nadie y… nadie;
Serian las respuestas mas sanas.

Pero la amistad…
¡Ah si! La fiel y buena amistad!

El amor más limpio aguarda pudoroso
y escondido entre sus manos.
Salvaguardado de envidias y ruidosas mentiras
sedientas, de venganza y odio.

Un ser curioso, el humano.
Servidor y gobernante de su mente, a la vez.
O eso cree. Creemos todos.
Pues no hay verdad que no mienta
ni mentira, que no esconda verdad.

Tal vez lo único que haya
sean dudas, miedo y confusión;
Sin Dios, claro está.