Sin Dios

Ando sin dios a mi lado y amo, sin Dios.
Vivo la locura del perdón sin ayuda de los Dioses
y solo al malhechor, agradezco las disculpas.

La culpa astuta y audaz, serpentea
entre las sombras de mi mente;
aguardando silenciosa mi debilidad,
para lanzar su ataque.

¿Quien pudiera ser yo, para los demás?
¿Un rey? ¿O tal vez un sirviente?
¿Y quienes van a ser para mi, los demás?
Si no eligiera ser sirviente, ni rey.

Nadie y… nadie;
Serian las respuestas mas sanas.

Pero la amistad…
¡Ah si! La fiel y buena amistad!

El amor más limpio aguarda pudoroso
y escondido entre sus manos.
Salvaguardado de envidias y ruidosas mentiras
sedientas, de venganza y odio.

Un ser curioso, el humano.
Servidor y gobernante de su mente, a la vez.
O eso cree. Creemos todos.
Pues no hay verdad que no mienta
ni mentira, que no esconda verdad.

Tal vez lo único que haya
sean dudas, miedo y confusión;
Sin Dios, claro está.

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