Infusión de tomillo…
taza caliente, manos tibias;
tiempo. Tiempo para mí,
humeando frente a mis labios.
Respiro, tiempo. Saboreo
del presente su dulzura;
púrpura flor, amargor y néctar.
Infusión de tomillo; en la olla,
a fuego de leña, cocina vieja.
Sin secado, sin microondas, sin prisas.
Abundante y silvestre, fresco;
húmedo del rocío de la mañana y florido,
de un tímido vestido blanco y lila.
Dio nombre al hogar donde antaño
fui familia: «La Farigola»,
en el valle de Biert, entre raíces equinas
y bajo la cumbre de Rocacorba.

